Libertad individual versus bien común

Desde el punto de vista de sistemas autoritarias/dictatoriales, pero también de sistemas democráticos, la libertad individual puede provocar una preocupación considerable por su naturaleza de tendencia inconformista e incontrolable. La concepción del individuo que tiene que funcionar conforme a las ideas culturales y económicas del Estado para que el sistema siga funcionando está estrechamente vinculada con la cuestión tan candente en nuestros tiempos de definir los límites de la intervención estatal para el bien de la sociedad.

El enfoque de la trimembración social como parte de las ciencias sociales antroposóficas tiene en cuenta que el Estado sólo reconoce al ciudadano como elemento de la sociedad, un elemento de la maquinaria que tiene que funcionar, ejerciendo sus derechos y cumpliendo sus obligaciones. El Estado desconoce al individuo que quiere desarrollar su historia, ideas, valores, capacidades, etc. No se plantea la cuestión de tener confianza en el individuo y en su valor para el todo social.

“Lo que tiene su origen […] en las capacidades individuales humanas, ha de fluir en el sano organismo social de un modo bien distinto de lo que reside en el intercambio de las mercancías y lo que proviene de la vida estatal. Y para que esto se realice de una manera saludable, es indispensable que lo que mana de aquella fuente, el hombre pueda acogerlo libremente y conforme a los impulsos que proceden de las capacidades individuales mismas. Pues, si la vida económica o la organización estatal influyen artificialmente sobre la actividad humana que se basa en esas capacidades, se le quitará a esta misma actividad el verdadero fundamento de su vida propia; y este fundamento no es otro que la fuerza que la productividad humana desarrolla por sí misma”.

Rudolf Steiner, Los puntos esenciales de la cuestión social, capítulo II.

El individuo que tiene el anhelo y el derecho de desarrollar libremente sus capacidades únicas sólo puede lograr agradecimiento, confianza, reconocimiento y apoyo dentro del ámbito cultural-espiritual.

Los derechos del individuo frente a la comunidad, pero también la superación del egoísmo frente a la misma, son dos elementos importantes de la cuestión social que parecen contradictorios, pero en el pensamiento social de Rudolf Steiner son plenamente compatibles entre ellos. La cuestión de cómo integrar la libertad individual humana en la totalidad del organismo social no es una cuestión de control o restricción. El organismo social es concebido de tal manera que en él no debería de existir entidad ninguna que tenga el poder que conceda o prohíba la libertad de la persona que pretende realizar sus capacidades e impulsos únicos e individuales. Lo que existe en lugar del poder y control estatal es el ideal social opuesto a la libertad, el de la fraternidad y solidaridad, que tiene su campo de acción sobre todo en el ámbito de la economía. En el campo de la economía, tiene que encontrar su propia manera de integrarse en el conjunto social.

Por un lado, los impulsos de libertad e individualidad exigen un cierto grado de renuncia de la autoridad estatal; por otro, el ideal de la fraternidad exige una superación del egoísmo. Éstas son las ideas germinales que Rudolf Steiner dio al pensamiento social antroposófico que, consciente del campo de tensión entre los dos ideales sociales, conduce a la pregunta de cómo organizar el todo social. Sus investigaciones dentro de la ciencia espiritual llevaron a Rudolf Steiner a la visión de la organización trimembrada de una comunidad, donde los dos ideales de libertad y fraternidad se complementen con el tercero, intermedio, el de la igualdad.

Dentro de la concepción del orden social de Rudolf Steiner, en lugar de un órgano estatal central que se ocupa del orden social, la fuerza política es una de las tres fuerzas sociales igualitarias que realizan los ideales sociales dentro de su ámbito. La libertad debe reinar en la esfera de la vida cultural-espiritual (ciencia, arte, convicciones religiosas, ética, medios de comunicación, pedagogía, medicina, etc.); igualdad significa que existe el mismo derecho para todos de cooperar y decidir en cuestiones sociales, jurídicas y políticas; la fraternidad es necesaria en el ámbito de la economía. En lugar de una fuerza central que dirija, el organismo social trimembrado posee un miembro jurídico-político central que se ocupa de establecer un equilibrio sano entre las fuerzas de los ámbitos cultural-espiritual y económico.

Los tres ideales sociales, realizados en el ámbito que les corresponde, aportan fuerza vital al organismo social, siempre que los representantes de los tres ámbitos actúen en la conciencia de mantener un equilibrio dinámico entre los tres ideales y su derecho de ser realizados. En cambio, con cualquier intervención de una entidad reguladora controladora, la salud y las fuerzas vitales se verán afectadas (fn: Véase Karutz 1998, p. 27).

A este respecto, el “antagonismo” entre la autonomía individual y el estar al servicio del bien común, que hemos conocido como uno de los principios de funcionamiento saludable entre los tres miembros de un organismo vivo (fn: Véase Pensamiento orgánico y conocimiento del organismo humano), se transforma en principio organizador a nivel anímico-espiritual. La dinámica viva entre los sistemas opuestos, neurosensorial y el sistema metabólico-motor que condiciona la organización sana a nivel funcional vital, sale transformada en mutuo condicionamiento entre la libertad del individuo y su ideal “opuesto”, el de la fraternidad/cooperación/sociabilidad entre los miembros de una sociedad/comunidad, confirmando lo justificado que es estudiar la organización trimembrada de sistemas vivos para el entendimiento del ideal del organismo social.

En el movimiento antroposófico, el ejemplo modelo de la integración de un elemento libre en el organismo social son las escuelas libres Waldorf. En una constitución social ideal (y descrita a continuación de una forma forzadamente simplista), una escuela mantiene tanto su libertad como su compromiso social dentro del sistema mediante el arte de actuar en los tres sentidos  a) guardar la autonomía y libertad en los métodos de la enseñanza (libertad)

  1. b) mantener el compromiso de prestar un servicio particular para el bien común (fraternidad) c) contar con el derecho de autogestión garantizado por el Estado, que “sacrifica” su autoridad de supervisar el servicio pedagógico como parte de la vida cultural-espiritual libre (fn. Véase, Karutz 1998 y Leber 1978). En última instancia, la escuela es responsable ante la sociedad a la que presta un servicio social educativo, la cual está representada por el pueblo, no por la autoridad estatal.

Aparte de este contexto macro-social, las escuelas Waldorf también establecerán una constitución interna “microsocial”, en la que la enseñanza pueda mantener su libertad frente a la gestión de las cuestiones jurídicas y necesidades económicas de la escuela.

Como institución, una escuela no puede hacer otra cosa que moverse en el campo de tensión en el que también se encuentra el individuo o una sociedad entera: el individuo defenderá su autonomía y buscará la manera de incorporarse en las necesidades del todo social; la sociedad en su totalidad se ve ante el reto de organizar los elementos libres de la sociedad junto con los elementos que tienen que cooperar para las necesidades vitales económicas del conjunto; entre estas dos tareas, la tercera es cuidar el ideal de la igualdad en el campo del derecho público. En el proceso, de colocar los tres ideales sociales (libertad, igualdad, solidaridad) en los campos de acción en los que más vitalidad y salud dan a la sociedad, se puede reconocer el “valor real” de dichos ideales (fn: Rudolf Steiner, GA 23, capítulo II) es decir, su valor constitutivo y constructivo para la realidad social.

Tanto el individuo como una institución social como la sociedad en su conjunto, se dará una constitución propia, en la que, de manera más o menos explícita o consciente, se expresará su voluntad de respetar y realizar los ideales de libertad, igualdad, solidaridad. El individuo justificará ante él mismo la actitud frente a cada uno de ellos; una institución o asociación los recogerá de alguna manera en sus estatutos; el Estado reconocerá el valor y peso que les da en su constitución.

 

Autor: Michael Kranawetvogl

 

Bibliografía

Matthias Karutz, Gemeinschaften gestalten- aber wie? (Cómo conformar comunidades), Editorial Freies Geistesleben , Stuttgart, 1998.

Stefan Leber, Selbstverwirklichung, Mündigkeit, Sozialität: Eine Einführung in die Idee der Dreigliederung des sozialen Organismus (Auto-realización, Participación, Socialidad: Una introducción a la idea de la trimembración del organismo social), Stuttgart, 1978