Hacia la primera Escuela Waldorf, tercera parte

Trimembración social y causa proletaria

01.01.2019

El día 21 de abril de 1919, abandona el Goetheanum rumbo a Stuttgart, para continuar los planes elaborados junto con Emil Molt y los amigos de la Rama Antroposófica de Stuttgart. El intento de trabajar por un nuevo orden social, esta vez iba a ser en contacto directo con la clase obrera-proletaria y en cooperación con los amigos de la ‹Unión para la Trimembración Social›.

Intentos a nivel político

El giro hacia la acción «desde abajo» se explica por el fracaso de esfuerzos anteriores de convencer a personalidades influyentes del ámbito aristocrático y político de las nuevas concepciones sociales. Entre las iniciativas a nivel político, emprendidas por Steiner en un momento de desconcierto y desorientación, y crítico para la evolución de la humanidad en general, hay que destacar las siguientes:

Varios encuentros con el conde Otto von Lerchenfeld, sobrino del diputado gubernamental Hugo Lerchenfeld, para exponer las ideas básicas de la trimembración social. Rudolf Steiner resumió las ideas en un «memorando» sobre el orden social trimembrado, que luego llegó a manos del ministro de asuntos exteriores del Reich alemán, Richard von Kühlmann. Un segundo «memorando» de Rudolf Steiner fue entregado en julio de 1917 al emperador austriaco Carlos I. Se sabe que ambos memorandos fueron leídos pero no se sustanciaron en acción política.

En 1918, con la perspectiva del fin de la guerra y la visión de opciones para las negociaciones de paz, Rudolf Steiner había mencionado que el posterior canciller estatal interino, el Príncipe Max von Baden, era el único hombre de estado con el que todavía se podía contar como aliado para la causa de la trimembración social. En enero de 1918, por mediación de Hans Kühn, otro miembro de la Rama de Stuttgart, se produce un encuentro de Rudolf Steiner y Marie Steiner con el Príncipe Max. Se despierta en él un interés tanto por los principios de la trimembración social como por la necesidad de una «psicología de los pueblos» como base para un entendimiento mutuo de los pueblos en los futuros tiempos de paz. El Príncipe Max von Baden recibe una copia del memorando que Steiner había redactado para el Emperador Karl de Austria, así como el libro ‹La misión de las diversas almas de los pueblos› reeditado con un prólogo de Rudolf Steiner, dedicado al Príncipe.

A finales de septiembre de 1918, pocos días antes de ser investido como nuevo Canciller del Reich Alemán, el Príncipe Max von Baden se presenta en la sede de la Sociedad Antroposófica en Alemania, en Berlín para consultar a Rudolf Steiner. Queda poco tiempo para plantear cara a la posición de Estados Unidos de entrar en negociaciones de paz bajo la condición de que fuera aceptado su programa de 14 puntos de Woodrow Wilson. Aunque no se sabe nada de la conversación de aquel día, fue máxima la expectativa de Steiner para el 5 de octubre, día del discurso de investidura del Príncipe Max von Baden en el nuevo Parlamento de Alemania. Sin embargo tuvo que comprobar que el discurso no reflejó ni un solo aspecto del memorando de Steiner(1). Bajo la presión de las viejas estructuras del Ejército del Reich, el Príncipe se declara conforme con «las ideas orientadas al destino y bienestar de los pueblos tal como son representadas por el señor Wilson».

Hans Kühn relata que nunca en su vida había visto a Steiner tan destrozado como al día siguiente cuando abrió el periódico y tuvo que leer las palabras enunciadas en el Parlamento. Una vez más la ayuda que ofreció fue rechazada. La decidida acción del individuo guiado por la intuición moral se vio doblegada frente a las convenciones parlamentarias y el código de lealtad y cumplimiento del deber. Steiner sabía que la frustrada oportunidad de introducir ideas para un nuevo orden social significaría un nuevo calvario para Europa (2).

Expectativas en el proletariado

Las decepciones experimentadas en los intentos de asesoramiento y cooperación a nivel político hicieron que Rudolf Steiner volviera a recurrir a la fuerza social que había conocido durante los muchos años en los que daba clases en la Escuela de Formación de los Trabajadores de Wilhelm Liebknecht, a saber, la fuerza de la voluntad de cambio en la clase proletaria. A principios de 1919, volvió a formular:

«Hay que tener en cuenta que la espiritualidad de esta época, altamente desarrollada y devenida abstracta, no es la más apta para acoger de todo corazón el impulso histórico. Quien podrá recoger este impulso es la entidad humana que otros consideran atrasada y guiada por los instintos [es decir, la clase proletaria]. En cambio la mente de las personas supuestamente líderes ya es degenerada, y su inteligencia decadente.» (3)

El diagnóstico de Steiner es que las tres fuerzas anímicas se encuentran disociadas en las tres clases sociales. Frente a la voluntad revolucionaria de la clase obrera proletaria, el sentimiento y el pensamiento se reparten en las dos clases restantes. La clase burguesa, en cuyas manos estaba la enseñanza y vida espiritual, cuidaba las corrientes científicas en plena decadencia materialista, incapaz de ofrecer al proletariado una ciencia más convincente que las teorías marxistas. La tendencia de la clase burguesa es idear programas sociales desde arriba, sin un verdadero interés en la clase obrera. Por otro lado, la clase aristocrática se ocupa de sus propios valores “sentimentales” como el sentido de honor y el cumplimiento del deber, haciendo que «las tradiciones e ideas de la clase noble sofoquen las fuerzas originarias del hombre torácico.» (4)

En estas condiciones, Steiner contaba con que la voluntad del proletariado se uniera con los impulsos que la ciencia espiritual podía proporcionar a una nueva vida cultural-espiritual libre.

Las primeras conferencias de Stuttgart

El día 21 de abril de 1919, lunes de Pascua, Steiner llega a Stuttgart, en un ambiente de violencia de la segunda oleada revolucionaria; el día anterior se habían producido disturbios que dejaron varios muertos.

En la conferencia, dada el mismo día para los miembros de la Sociedad Antroposófica, Rudolf Steiner les invita a que abandonen la búsqueda del bienestar místico interior y que se ocupen de los grandes problemas de la humanidad, para saber ofrecer soluciones en la vida práctica. Critica con vehemencia la cultura burguesa y el «lujo parasitario» de los teósofos que estudiaban sus asuntos esotéricos en salones calentados con el carbón que los niños, de nueve a trece años de edad, extraían de las minas de Inglaterra.

Rudolf Steiner exhorta a los antropósofos a que la vida espiritual no sea un asunto intelectual. Debe llegar al corazón y desde allí, a la acción. Que no sería fácil provocar en los antropósofos un mayor interés por las condiciones del proletariado, Steiner ya lo había experimentado en 1906, después de no recibir ningún tipo de reacción a un ensayo suyo titulado ‹La Ciencia Espiritual y la Cuestión Social› publicado en la revista teosófica ‹Lucifer Gnosis› (5). Ahora, 13 años más tarde, Steiner tampoco logra el apoyo deseado (6).

En la conferencia del día siguiente, que fue pública y celebrada en presencia de los firmantes del Llamamiento al Pueblo Alemán y al Mundo Cultural (7), Rudolf Steiner habló acerca de la brecha entre las clases sociales. Independientemente de la clase social a la que se pertenece, «lo más importante es la revolución de los pensamientos, sentimientos y actos volitivos de las personas. Una vez que ésta se lograra, la trimembración se realizaría al cabo de poco tiempo». Steiner expone que la dignidad del ser humano no se da por ideologías, ya sean de orientación comunista o conservadora; la trimembración social deja que el ser humano viva con dignidad en todos y cada uno de los tres ámbitos sociales. Esta conferencia pública apela al sentimiento y a la sensación de injusticia ante la situación social actual. Desde este sentimiento deben nacer, tanto el interés de entender la situación social como la voluntad de acción social.

El 23 de abril de 1919

El tercer día, tras haberse dirigido en las conferencias previas a las facultades de la cabeza y del corazón, Steiner se dirige a los trabajadores de la fábrica Astoria Waldorf de Emil Molt. En un almacén de tabaco, Steiner habla ante los 1100 empleados, sentados sobre bultos de tabaco, fumando hojas secas de encina. A los pocos minutos de empezar el discurso, el humo de cigarrillos obstruye la visión de todos, aunque se siente con claridad la cercanía y solidaridad de Steiner con la causa y voluntad de los trabajadores. El objetivo de la alocución del 23 de abril de 1919 es despertar una conciencia que vaya más allá de la agitación marxista, que en principio tira en la dirección correcta, pero que solo se centra en los aspectos económicos de la sociedad. La visión futura es que la clase obrera pueda realmente participar en la vida espiritual-cultural.

Steiner presenta el ideal de la vida espiritual libre (y la participación en ella de todas las clases sociales) como algo que no merece las sospechas y antipatías que el proletariado guarda contra todo lo que parece mero constructo ideológico de la burguesía. No hay que oponerse a las élites, es decir, ni a los representantes de la vida espiritual ni a los directores «capitalistas» de las empresas. La educación como parte de la vida espiritual libre, una vez aceptada como bien común, no tiene la finalidad de oprimir, sino de ayudar a otros con los conocimientos adquiridos.

La instintiva fuerza volitiva se justifica como fuerza social inicial necesaria y expresa una necesidad en la historia de la humanidad; ahora solo necesita la dirección correcta:

«Creo que, precisamente cuando se despierte la comprensión de lo que quiero decir en el libro "Los puntos centrales de la cuestión social", que será publicada estos días, se logrará de una manera más intensa y correcta lo que el más reciente movimiento proletario en realidad ha querido lograr desde hace más de medio siglo. Lo que se expresaba en la voluntad del proletariado fue, por así decirlo, una exigencia del tiempo mismo. No se podía seguir como lo habían hecho las clases elitistas. Pero a partir de la crítica frente a lo que hacen las clases dirigentes, hoy deben surgir ideas sobre cómo hacer las cosas, sobre lo que realmente hay que hacer.»

Ganarse la confianza

El discurso a los obreros de la fábrica de cigarrillos Astoria Waldorf, es para Steiner la primera oportunidad de poner en práctica los criterios de un nuevo lenguaje, cercano al sentido común, sin traicionar la verdad de la ciencia espiritual.

«Solo con la mirada correcta se entenderá lo que quiero decir cuando digo: el que quiere asumir un papel activo en lo que sucede actualmente, tendrá que hablar una lengua completamente nueva. Todo lo que se ha pensado hasta ahora en los círculos burgueses debe transformarse en un lenguaje completamente diferente; porque de lo que se trata ahora es de generar confianza. Hay que ser capaz de hablar, y sobre todo actuar, en cada lugar desde el alma de la gente. Esto no será posible con puntos abstractos de programa, sino solo colocándose uno, encontrándose uno bien colocado, en el centro de lo que está sucediendo, para actuar en el sentido de lo que consideramos lo correcto.» (8)

Esta confianza necesaria es lo que Rudolf Steiner pide a los obreros de la fábrica de Emil Molt.

«Tienen que plantearse la pregunta: ¿Cómo son los que quieren ser nuestros líderes espirituales? Estos proceden de las instituciones educativas en las que nosotros no podemos participar. Todo esto cambiará cuando la vida espiritual se haya emancipado, y cuando el representante de lo espiritual ya no disponga de ningún apoyo de corporaciones económicas, del orden capitalista, ni tampoco del estado, sino cuando tenga que justificar cada día que lo que hace tiene algún valor para la sociedad porque las personas confían en él. La vida espiritual tiene que fundamentarse en la confianza entre la humanidad y sus líderes espirituales.» (9)

La burguesía no había ofrecido la posibilidad de una enseñanza de contenidos ilustradores (el entendimiento del ser humano y su dignidad dentro de la sociedad y de la economía) ni de transmitirlos con el lenguaje adecuado. Esta tarea solo puede ser emprendida por la ciencia espiritual, una tarea para la que sin embargo necesita recibir la confianza de la sociedad, Se trata de la disposición y la necesidad de comprobar que las ideas espirituales tienen una realidad que les da el derecho de ser reconocidas frente a las ideas marxistas tomadas exclusivamente de la realidad social económica (10).

Libertad, igualdad y fraternidad.  ¿Retórica o realidad vivida?

Lo que Steiner llama el «nuevo lenguaje» coincide en gran parte con lo que en otra ocasión llama discurso ético (11). El nuevo lenguaje parte de la trimembración interior, es decir de una consciente y viva constelación de sentimiento, pensamiento y voluntad, No se trata de enseñar las ideas de la trimembración social en forma abstracta o puntillosa, sino de hablar al sentimiento, al pensamiento y a la voluntad de la audiencia. Para ello nadie estaba mejor preparado que Steiner. Se había sumergido en el alma proletaria, la conoció de cerca en todas sus facetas en los años de enseñanza en la Escuela de Formación de los Trabajadores en Berlín, y la caracterizó como nadie en el primer capítulo de ‹Los puntos centrales de la cuestión social›.

Como sostenía Steiner, había que hablar con el proletariado, no sobre él. Esto incluye por ejemplo no hablar acerca de los tres ideales sociales (libertad, igualdad, fraternidad), sino hablar desde la realidad espiritual individualizada de estos ideales.

El deseo de que el proletariado pudiera confiar en una nueva vida cultural-espiritual libre coincide con la confianza que Steiner se conquista como persona libre, que solo representa a sí mismo y no habla en nombre de una autoridad o institución o de un programa político.

La comunicación es de ser humano a ser humano, en igualdad de condiciones, entre el maestro de la humanidad y la clase más humilde de la sociedad. Steiner declara justificadas las demandas de los obreros, pero al mismo tiempo pide se escuchen las ideas que exigen un cambio de pensamiento. De este modo se produce un entendimiento de interés fraternal mutuo. Steiner toma en serio los puntos centrales del pensamiento proletario, por ejemplo cuando acoge el concepto marxista del valor añadido (o plusvalía) del trabajo. En este sentido Rudolf Steiner ejerce la fraternidad moderna en el sentido de las palabras del Cristo «Cuanto hagáis por cualquiera de los más humildes, a mí me lo hacéis». En nuestro contexto social, hoy «el Cristo habla diciendo: “En el pensamiento de los más humildes habéis de reconocer mi pensar; Yo entro en vuestro corazón cada vez que permitís que el pensamiento de otro se relacione con el vuestro y siempre que sentís un interés fraternal por lo que sucede en otra alma, cualquier opinión, cualquier creencia que descubráis en el más humilde de vuestros hermanos, allí me encontraréis.”» (12)

El discurso lógico y racional hubiera consistido en una predicación de los tres ideales sociales y su relación con los tres ámbitos sociales. (13) El discurso ético no empieza con las ideas principales sino con las circunstancias reales del presente, y solo a partir de ellos avanza a las ideas principales «supra-temporales», en algún caso sin necesidad de mencionarlas explícitamente.

Los sucesos posteriores

Cuando, un día después de la alocución de Rudolf Steiner en la fábrica Astoria Waldorf, los obreros expresan el deseo de que haya una escuela para sus hijos, lo hicieron sin saber que Emil Molt ya había anunciado en una reunión del Comité de empresa la fundación de una Escuela y que había solicitado a Steiner que se encargara de la dirección pedagógica. De todas formas el deseo de los trabajadores era que sus hijos tuvieran unos maestros que les hablasen como Rudolf Steiner porque nadie les había hablado así antes.

Dos días después se celebró una reunión entre Rudolf Steiner, Molt, Herbert Hahn y Karl Stockmeyer para esbozar los primeros contenidos y métodos de un plan de estudios.

En las semanas posteriores, Rudolf Steiner dio conferencias casi diarias para miembros de la Sociedad Antroposófica, conferencias públicas y conferencias para los trabajadores de las grandes empresas regionales (de Baden Wurttemberg) como Daimler y Bosch, así como en la fábrica de cartonajes de José del Monte. Otros amigos y miembros de la ‹Unión para la Trimembración Social› se sumaron a las iniciativas dando conferencias en varias localidades, entre ellos Emil Molt, Karl Unger, Emil Leinhas, Herbert Hahn y Ernst Uehli.

Se formó la Unión para la Trimembración del Organismo Social (Bund für Dreigliederung des sozialen Organismus), una plataforma libre para el estudio y la divulgación de la idea de la trimembración. No hubo ambiciones de poder político. Las tareas principales eran: anunciar las conferencias de Rudolf Steiner en los periódicos y enviar invitaciones a la prensa y a personalidades en particular, hacer copias de las conferencias y enviarlas a los grupos de trabajo que se iban formando; a fecha de septiembre de 1919, existían más de doscientos de estos grupos en Alemania.

El eco mediático sobre las conferencias de Steiner fue muy positivo. Informando sobre una conferencia pública del 3 de mayo, el Tagblatt de Stuttgart menciona que cientos de interesados quedaron fuera de la sala. «El orador recibió ovaciones por su mensaje de que en tiempos de gran sufrimiento, hacían falta grandes medidas.» El entusiasmo espontáneo de las nuevas ideas sociales se explicó en gran parte por el hecho de que se presentaron desconectadas del discurso político, es decir, sin vinculación alguna a intereses partidarios.

Desde el punto de vista del proletariado, el movimiento de la trimembración social fue un elemento esperanzador dentro de la segunda ola revolucionaria de aquella etapa de la Revolución Alemana, ofreciendo soluciones para la participación de los obreros en las estructuras empresariales. El resultado de las conferencias y las más de 20 reuniones de Rudolf Steiner con los consejos de trabajadores fue un amplio movimiento popular. 12000 de las personas que habían asistido a los eventos firmaron una resolución que solicitó la participación de Rudolf Steiner en el gobierno local de Baden Wurttemberg para introducir las ideas de la trimembración social. Como es sabido, Rudolf Steiner ya había descartado la intervención a nivel político. En este momento quería confiar en el sano impulso social de los que estuvieron dispuestos a seguir con él el «camino desde abajo», que se cruza y junta con el camino superior de la ciencia espiritual. | Michael Kranawetvogl, Vilagarcía de Arousa (ES)

 

Notas:

(1) Véase ‹Antroposofía en el Mundo› 12/2018, Cambios de paradigma sobre el «orden mundial)

(2) Hans Kühn, Dreigliederungszeit (Tiempos de Trimembración), Dornach, 1978.

(3) El goetheanismo, impulso de transformación y pensamiento de resurrección. Ciencia del hombre y ciencia social. Conferencia del 26 de enero de 1919, Dornach, GA 188.

(4) Ciclo ‹Bases histórico-evolutivas para la formación de un juicio social›, GA 185a, quinta conferencia.

(5) En este artículo Rudolf Steiner formuló la ley sociológica fundamental, «El bienestar de toda comunidad de personas que en ella trabajan será tanto mayor en cuanto cada uno no requiera para sí mismo el producto de su trabajo. Es decir, cuanto más de este producto ceda a sus semejantes y cuanto más se satisfagan sus propias necesidades no de su propio trabajo, sino del de los demás.»

(6) ‹Antroposofía en el Mundo› 10/2018, El 9 de noviembre de 1918.

(7) ‹Antroposofía en el Mundo› 01/2019, Volver a buscar las fuerzas de espíritu y vida.

(8) GA 185a. Véase  Antroposofía en el Mundo 10-2018.

(9) Nueva configuración del organismo social. 14 confs. públicas y ante los trabajadores de los talleres Daimler-Benz, de la fábrica de cigarrillos Waldorf-Astoria y otras industrias, Stuttgart 22 abril a 30 julio 1919, GA 330.

(10) GA 185a, octava conferencia.

(11) Antroposofía, trimembración social y arte discursivo, segunda conferencia, GA 339.

(12) El Aspecto Interno de la Cuestión Social, GA 193.

(13) Véase GA 339, segunda conferencia.

 

Hacia la primera Escuela Waldorf, primera parte

Hacia la primera Escuela Waldorf, segunda parte

Hacia la primera Escuela Waldorf, cuarta parte