¿Qué es la trimembración social?

El individuo es cada vez más y más complejo y con él también la sociedad. No obstante, el pensamiento humano no siempre está a la altura de asuntos tan complejos como lo son los sociales. Al hombre moderno, con facilidad le puede surgir el deseo de convertirse en un ser menos complejo y reducirse a sí mismo a una fórmula. Trabajar por un enfoque social trimembrado es trabajar hacia una sociedad que respete al ser humano en su integridad, teniendo en cuenta todas sus aparentes contradicciones.

Cada vez son más las personas que reconocen que la vida económica y la vida jurídica no ocupan sino una parte de su vida social. El tercer elemento, la vida espiritual, hasta hoy día no ha podido desarrollarse adecuadamente debido a la actual supremacía de los ámbitos económico y jurídico. Esto no es solo válido para las muchas dictaduras existentes, sino también para las innumerables democracias que tan lejos están de poder abrazar y desarrollar una vida espiritual libre y autónoma. Cada uno de los tres ámbitos sociales debe tener su independencia, pero también son interdependientes de forma que el paternalismo de uno de ellos tiene efectos desastrosos sobre los otros dos. El movimiento de la trimembración social intenta señalar estos casos de desarmonía entre los tres ámbitos sociales y mostrar nuevas perspectivas.

Una sociedad sana requiere una clara diferenciación entre la vida espiritual (cultura y educación), la vida económica (precios y moneda) y la vida política-jurídica. Es importante que sepamos relacionar los fenómenos sociales y los tres ámbitos correspondientes de la vida. Con respecto a estas correspondencias, el enfoque de la trimembración social puede conducir a resultados sorprendentes.

Los diferentes ámbitos sociales deben organizarse de forma autónoma dando lugar a una interacción orgánica y positiva. Lo que en un primer momento suena como una teoría abstracta, tiene consecuencias importantes una vez llevado a la práctica. Por ejemplo el ámbito político-jurídico (es decir, el estado) no debe intervenir con una política educativa en la autonomía de la vida espiritual.

Solo cuando los tres ámbitos no interfieren unos con otros, pueden actuar con plena auto-determinación y realizar sus ideales correspondientes: libertad en la vida espiritual, igualdad en la vida jurídica, y fraternidad en la vida económica. Cualquier intento diferente de relacionar los ideales y ámbitos sociales tendría consecuencias destructivas: la igualdad en la vida espiritual aniquilaría cualquier tipo de innovación, la libertad en el ámbito jurídico anularía el derecho. Cualquier otro ideal que no sea la fraternidad dentro del ámbito económico conduciría al socialismo (igualdad) o al liberalismo (libertad). Solo una relación correcta con los ámbitos sociales correspondientes permite que los ideales de la humanidad sean vivos; mezclados, se anulan mutuamente.

Libertad en la vida espiritual

La vida espiritual libre, por ejemplo el arte autónomo o el sistema educativo, fundamenta y organiza las aptitudes que la humanidad necesita para su conservación y desarrollo tanto material como ideal. Las diferentes capacidades solo pueden manifestarse a partir de una mente, una inteligencia y un espíritu libre.

Todo relacionado con conocimientos, competencias y capacidades forma parte de la vida espiritual: un alto directivo con competencia de gestión empresarial que no sólo está basada en poder económico es parte de la vida espiritual, lo mismo que el sistema educativo. Igualmente, todas las formas del sector bancario/crediticio implican la cuestión de si las competencias y capacidades son suficientes como para dar forma a un proceso económico mediante el capital, y por lo tanto son una cuestión de la vida espiritual. Por ello el capital debe de ser controlado por la vida espiritual y quedar a libre disposición de emprendedores capacitados hasta su jubilación o muerte. Después el capital pasa por vía de donación a manos de otro empresario capacitado. La transmisión hereditaria del capital queda fuera de consideración porque el capital no está vinculado a la consanguineidad sino más bien a capacidades individuales.

De forma parecida, el derecho de formular un juicio sobre otra persona es una facultad que solo las personalidades de la vida espiritual libre pueden poseer. Por esta razón la jurisdicción no debería ser parte del estado de derecho. El acusado debe elegir a priori un juez, de entre los posibles de la esfera espíritu-intelectual, que considere como más adecuado. Esto garantiza la calidad en la justicia, en lugar de una jurisprudencia alejada de la realidad.

Los pensamientos son libres; por ello la propiedad intelectual es una pretensión inadecuada. Igual que en el caso de biopiratería, los derechos de autor y los productos patentados suponen un robo intelectual. Es cierto que los investigadores y científicos también tienen que vivir de algo, pero la financiación de su trabajo mediante donaciones les permite proporcionar a todo el mundo gratuitamente los resultados de investigación. Los departamentos de investigación de los grandes consorcios internacionales y la investigación estatal deben desligarse de tales instituciones autónomas de investigación.

El hombre debe de ser espiritualmente libre y por lo tanto es rechazable la pertenencia forzada a determinados grupos con sus condiciones vinculantes en función comunidad, lengua, valores, etc.. Cada individuo representa una minoría. La libertad, a diferencia de la política, no conoce compromisos, solo ejerce la tolerancia. A quien actúe según sus propias convicciones, no se le ocurrirá prohibir la acción ajena. Tendrá sus prioridades y buscará la cooperación con personas de espíritu afín; pero los grupos exclusivos como partidos, sectas y la Iglesia Católica, no tendrán futuro en una sociedad libre.

Cada ser humano representa a la humanidad. Fraternidad en la vida económica

La vida económica está constituida por la producción de bienes, la circulación de mercancías y el consumo de dichos bienes, lo cual responde a las necesidades del ser humano. Estas necesidades se evalúan por medio de empresas asociativas-cooperativas no estatales, resultando en contratos y regulaciones de precios orientados a las necesidades reales. Una de las iniciativas asociativas es el comercio justo que se opone mediante contratos a largo plazo y se caracteriza por tener en cuenta tanto las condiciones del productor como las necesidades del consumidor.

La auto-organización de la economía vuelve superflua la intervención estatal. Por ejemplo los cambios estructurales ya no serán un asunto estatal sino de la propia economía. Una regulación de precios asociativa no funciona precisamente de forma directa, sino que lo hace por medio del número de ocupados de cada sector. También los procesos de concentración, es decir la tendencia de la economía actual hacia la centralización, se evitan con mayor facilidad a través de asociaciones que mediante una oficina antimonopolio estatal. El estado tiene por naturaleza un interés por los monopolios y por lo tanto no tiene ganas de enfrentarse a ellos. Por el contrario, las cooperativas de productores y consumidores, de los que cada uno defiende intereses complementarios, hacen que las asociaciones no crezcan en exceso y mantendrán una dimensión adecuada. En lugar de los consorcios podrán crecer estructuras en red fuera de la regulación estatal, pero sin convertirse en potencias monopolistas.

La moneda es otro factor importante de la economía. La política monetaria no será más un asunto estatal., ni tampoco un asunto interestatal. El dinero, que normalmente tiene la tendencia de desconectarse de la realidad económica, debe volver a tener un valor concreto; lo que se puede conseguir renunciando al crédito con garantía real y dando prioridad absoluta al crédito personal. La tarea del estado se limitará a la de prohibir préstamos con intereses usureros. Sin medios de producción no puede haber comercio. Por lo tanto el dinero tiene que acudir donde los correspondientes medios de producción existen, es decir, allí donde las empresas reciben financiación (y lo debe de hacer de forma descentralizada en cada empresa); además tiene que desaparecer cuando estos medios de producción dejan de existir o ya no son utilizables. Solo con este tipo dinero (‹dinero con fecha de caducidad›) se evitan los fenómenos de la inflación y los posibles movimientos especulativos en el mercado de divisas.

Cada ser humano una voz. Igualdad en la vida jurídica

En la vida jurídica estatal todos son iguales ante la ley, y en este sentido cada uno se encuentra con el otro como un igual. En la vida jurídica se hace valer democráticamente todo lo que depende del juicio y de la opinión del individuo mayor de edad. A diferencia de la vida espiritual y la vida económica, cada persona tiene que aceptar que sus propuestas pueden ser rechazadas por la mayoría.

Pero que la vida política no es una superestructura encima de la sociedad civil; sólo es un miembro más al lado de la vida espiritual y la vida económica. Con la democratización del estado, el paternalismo del estado superpoderoso debería haber sido superado, facilitando una sociedad con los ámbitos autónomos de la vida espiritual y la vida económica. No se ve nada de eso en la actualidad. La introducción de más democracia es muy cuestionable. Más bien sería necesario poner barreras al monopolio del poder estatal institucionalizado, en nombre de la libertad y la fraternidad.

Un germen hacia esto se puede encontrar en la palabra de ‹democracia›. Con ella, la mayoría de las personas asocia elecciones libres con medios de comunicación independientes. Quien siga dirigiendo sus pensamientos en este sentido, también tendrá que incluir un sistema educativo independiente.

Por lo tanto, para cambiar las condiciones sociales, la trimembración social no cuenta ni con el poder político ni con la violencia, sino con las convicciones e ideas libremente desarrolladas por cada individuo. Sólo así seremos capaces de responder a las necesidades económicas y ecológicas de nuestro mundo globalizado.

Cada persona un puente. La interacción de los extremos

Cada ser humano es a la vez minoría, ciudadano y representante de la humanidad. Las instituciones sociales por su parte, son de una naturaleza más sencilla dado que solo pueden representar uno de los tres aspectos. Por lo tanto una institución social por sí sola no puede ser humana en el sentido estricto. Siempre será unilateral. Y por eso el ser humano que es miembro de una institución puede realizar solo una parte de sí mismo. La sociedad se vuelve humana a través de la interacción de las instituciones sociales, cuando ellas empiezan a completarse mutuamente sin tratar de apropiarse la una de la otra.

Pero, ¿quién es el garante de que las instituciones sociales tengan una relación sana a pesar de sus unilateralidades? Nadie excepto el ser humano mismo. Siendo a la vez ciudadano, y participante de la vida cultural y económica, él es capaz de tender puentes. Por ejemplo cada maestro sigue siendo un consumidor de bienes y mercancías, y por lo tanto no sólo es parte de la escuela y de la vida espiritual, sino también de la vida económica. El hombre es el enlace para la unión de la sociedad, y cuanto más se involucra en ella, mejor.