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Cada individuo representa una minoría

Sylvain Coiplet

2/2003

            

Bozen

kulturakrobatEn Italia hay sobre todo italianos. Los alemanes son una minoría. No obstante, en Italia del norte hay una región - el Tirol del Sur - donde los italianos son una minoría y los alemanes son una mayoría. En Tirol del Sur hay una ciudad - Bozen - donde, opuestamente, los alemanes representan todavía una minoría y los italianos una mayoría. Y esto continua hasta llegar a los propios sudtirolenses que deben elegir cada diez años, de acuerdo con la ley, si son alemanes o italianos.

Sin embargo, algunos de entre ellos no lo saben con certeza. No saben - o prefieren no saber - cual de ambas culturas predomina como mayoría, frente a una minoría, en si mismos. Prefieren situarse conscientemente entre ambas culturas y tender puentes.

Este último otoño los neofascistas italianos lograron, por medio de un referéndum, anular la decisión del ayuntamiento de Bozen de cambiarle el nombre a la llamada Plaza de la Victoria por Plaza de la Paz. El nombre de Plaza de la Victoria se conserva en memoria del intento de Mussolini de latinizar por la fuerza Tirol del Sur. Como Plaza de la Paz hubiese simbolizado la pacífica vida en común entre alemanes e italianos. Este último nombre se fundamentó sobre una decisión común entre el partido popular conservador alemán y la izquierda italiana. Sin embargo, ¿por qué se pronuncia la mayoría italiana en Bozen contra la paz?.

Bozen no es una ciudad fascista. Muchos verdes y muchos socialistas votaron también por Plaza de la Victoria. Bozen ilustra ante todo el sencillo juego que tienen los fascistas cuando se renuncia a una consecuente permutación de la trimembración social.

En Tirol del Sur no se ha podido hacer bastante contra el aislamiento en el que se encuentran ambas lenguas. Tanto desde el lado italiano como desde el lado alemán los políticos han abusado de sus competencias para implementar una monocultura en las escuelas.

Los conservadores alemanes, que tienen en Tirol del Sur como partido la mayoría, no desean que sus votantes alemanes se declaren en el próximo censo inesperadamente italianos y, en consecuencia, intentan impedir que la enseñanza sea impartida en ambas lenguas en escuelas públicas. Incluso se estudió una total prohibición de las llamadas "inmersiones lingüísticas". Para estos políticos todo esto no es más que una protección de la minoría frente a Italia. La única minoría que semejante protección merece es el individuo. Si solo mete la punta del pie o si se sumerge completamente en una lengua extranjera - por ejemplo, en una escuela - debe ser él, y solamente él, quien lo decida. El partido conservador alemán presta un flaco servicio al individuo y al libre juego que le ofrecen diferentes culturas.

En las escuelas públicas italianas permanece el alemán como lengua extranjera. Y la situación en la mayor parte de las escuelas privadas, ya sean católicas o elitistas, no es al respecto mejor. Esto habla por si mismo de la fastidiosa y arrogante cultura italiana de la mayoría que no encuentra su sitio en Tirol del Sur.

Mientras que los alemanes, a pesar de sus políticos, logran ampliamente dominar la lengua italiana, parece que para muchos italianos los conocimientos de alemán son más bien malos. Y por ello sufren con frecuencia en el ámbito laboral. En los periódicos no leen otra cosa que los repetidos intentos de aislamiento de los alemanes. Recientemente, y como constatación del dominio alemán en el ayuntamiento, un elevado número de letreros en italiano fueron retirados. Semejantes irrelevancias bastan y sobran a los neofascistas para conseguir en revancha una Plaza de la Victoria.

Munich

Günther Beckstein, el ministro de asuntos interiores de la región de Bayer, sueña con una reeducación de lo extranjeros que allí residen. Deben aprender y pensar en alemán. Que la capacidad para aprender se pierde con los años se ha dado cuenta por si mismo de ello. Y quien se pregunte cuando ha sido la última vez que Günther Beckstein ha estado dispuesto a embarcase en algún nuevo proyecto tan solo necesita saber que este político solo quiere dejar entrar en Alemania a los parientes cercanos de extranjeros con una edad inferior a los diez años de edad. Todo esto permite observar con agudeza la naturaleza de sus pensamientos.

De Günther Beckstein provienen dichos como: "Rozamos nuestra capacidad de asilo" o "nuestros conciudadanos foráneos deben mostrar la correspondiente aceptación con el modelo cultural alemán". Si supiese algo sobre cultura alemana no se atrevería a realizar semejante demanda. No en vano, observa Friedrich Schiller, que un ejercicio de la cultura alemana es aprender de otras, dicho poéticamente, "cosechar". Y que la cultura germana puede también aprender del Islam lo mostró Wolfgang Goethe con su Diván Occidental-Oriental. Se nota pues que Günther Beckstein, en lo que concierne a cultura alemana, dio muy temprano con el "límite de su capacidad de asimilación".

Para sacar lo mejor de cada cultura se necesitan más hombres que sean capaces de tender verdaderos puentes entre estas culturas. Esto no se va a lograr por medio de los solicitados cursos y sus correspondientes exámenes de alemán, previos a la escolarización, de Günther Beckstein. Los alumnos extranjeros no tienen que adaptarse a las escuelas alemanas sino que las escuelas deben responder a las necesidades que la diversidad cultural plantea.

Kreuzberg

No por casualidad la escuela Waldorf de Kreuzberg, en Berlin, muestra una marcada dirección multicultural. Pronto debe comenzar un proyecto piloto a través del cual los niños turcos aprendan primeramente en su lengua materna y, solamente en cursos posteriores, dominen paso a paso la lengua alemana. La transición entre ambos puede lograrse de sin fases puesto que las lenguas extranjeras - y en este caso es también el alemán una de ellas - son desde el primer año impartidas intensivamente. Más de 100 parejas turcas ya han solicitado plazas. Y también el profesor ha sido seleccionado, el cuál, evidentemente, tiene las correspondientes competencias interculturales. El problema es la financiación. Mientras el profesor en cuestión señala que las familias de origen turco difícilmente pueden pagar las correspondientes cuotas escolares, otros apuntan - como Michael Wilhelmi - que semejante proyecto tiene que auto-financiarse. El estado a duras penas quiere involucrarse.

Mientras en Kreuzberg todavía esperan el dinero, en Mannheim, algunos maestros se comprometieron y con buena suerte comenzaron. Pronto podremos informar sobre las primeras experiencias.

Traductors: Luis Valle / Fernando Wirtz


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