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Globalización

Dos definiciones

La palabra globalización tiene un doble significado. Por un lado significa la derrota de las economías nacionales frente a la economía internacional. Que es en realidad la derrota de las economías nacionales más débiles ante las más fuertes. Por el otro, globalización significa también comercializar el mundo - el mundo entendido como mercancía.

Opinión corriente

En los años noventa un amplio movimiento de protesta logró de forma imprevista hacer fracasar la cumbre de la organización mundial del comercio. Desde entonces la atención se ha centrado en estos enemigos de la globalización. Ellos por su parte quieren desviar la atención de la opinión pública hacia las cumbres económicas internacionales - una estrategia que ha dado sus frutos. Sin embargo, a pesar de la glotonería de los medios de información por las peleas callejeras y a pesar de su dependencia de las grandes compañías, hay veces en que éstos permiten que los manifestantes más imaginativos puedan expresarse. Si bien sólo en contadas ocasiones resulta evidente que lo que se critica en realidad no es la economía mundial, sino la supremacía económica de los países industrializados y el predominio de lo económico.

Tras el asesinato de un manifestante en Génova en el verano del 2001, se temió de que algunos sectores de la protesta se engolfaran en la clandestinidad del terror. Lo cual habría perjudicado al movimiento, del mismo modo que en el pasado perjudicó al movimiento anarquista.

Globalización y triformación social

Toda la economía mundial se basa en la asistencia mutua que ella hace posible. Sin embargo, tiene que ser posible tomar medidas protectrices para favorecer los países en desarrollo de manera que no se le dé a las economias mas fuertes la ocasion de imponer un desequilibrio a su favor. Pero no se trata de una tarea nacional sino más bien de una tarea de la economía mundial, que no debe ser confundida con el libre comercio. La economía mundial tiene que formarse a sí misma, en lugar de dejar que los precios coincidan con el mercado.

Entre los adversarios de la globalización la idea de un impuesto a las transferencias en moneda extranjera para beneficiar a los países en desarrollo (el impuesto Tobin) es muy popular. Pero se trata de una idea estéril y es de esperar que será abandonada para dar lugar a otras alternativas.

Trabajar para conseguir un impuesto al gasto (iva) - gradual para evitar las desigualdades - sería por ejemplo mucho más interesante. De este modo, el impuesto (y los costes sociales) no tendrían una influencia directa en los precios de las exportaciones. Sólo habría que pagar impuestos por los bienes domésticos e importados. De ese modo ya no tendría sentido disminuir los gastos del estado para obtener una postura mejor en el mercado internacional. El impuesto a los ingresos convierte el estado en una mercancia barata - especialmente en los países en vía de desarrollo.

Sin embargo, es incomprensible llevar a cabo un programa único basado en el impuesto al gasto. Lo que cuenta es adoptar la buena dirección: el estado no es una mercancía.

La globalización como un intento para comercializar el mundo no sólo constituye una amenaza para el estado, sino también para la vida cultural. la cultura deveria según este sistema, someterse a las leyes del mercado. La educación y la asistencia médica en particular tendrán que ser liberalizadas en los próximos años. Lo cual significará una doble tutela para la vida cultural. A la tradicional tutela estatal, se le añadiria la dictatura del sistema economico. Con respecto a esto todos los adversarios de la globalización tienen que ser igualmente adversarios del estado. La espiritualidad y la humanidad no son un asunto jurídico.

Autor: Sylvain Coiplet
Traductor: Jorges Cespedes

 

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