Capital

Capital y vida cultural-espiritual

Lo que con fundamento en el capital se realiza para el organismo social, depende por su naturaleza de cómo actúan las capacidades individuales humanas para el bien de dicho organismo. El desarrollo de estas capacidades no puede fomentarse adecuadamente sino a través de la vida espiritual autónoma. Pero también en un organismo social en que este desarrollo se halle ligado a la administración del Estado político, o a las fuerzas de la vida económica, la verdadera productividad de todo cuanto se basa en el uso de capital, dependerá de las fuerzas individuales libres, que puedan abrirse paso a través de las instituciones que entorpecen su desenvolvimiento, si bien el desarrollo en estas condiciones será poco fructífero. La situación en que la capacidad de trabajo humano forzosamente se convierte en mercancía, ha tenido su origen, no en el libre desenvolvimiento de las facultades individuales, sobre la base del uso de capital, sino en el encadenamiento de estas fuerzas por la vida estatal-política, o bien, por los procesos de la vida económica. Considerarlo sin prejuicios, es condición previa para todo lo que actualmente debe hacerse en el campo de la organización social. Pues, nuestro tiempo ha engendrado la superstición que las medidas para sanear al organismo social deben provenir del Estado político, o de la vida económica. Si se sigue por el camino cuya dirección se debe a esa creencia, se crearán instituciones y organizaciones que conducirán la humanidad, no a lo que ella anhela, sino a una infinita agravación de lo agobiante que ella desea conjurar.

La humanidad aprendió a pensar sobre el capitalismo en una época en que éste había causado al organismo social procesos dañinos. Se advierte el efecto de esos procesos, y se percibe que hay que combatirlos. Pero hay que comprender algo más. Es preciso darse cuenta de que este mal tiene su origen en la absorción de las fuerzas que obran a través del capital, por los procesos de la vida económica. Para poder obrar en el sentido de lo que actualmente las fuerzas evolutivas de la humanidad están exigiendo enérgicamente, ante todo es necesario no dejarse llevar a pensamientos ilusorios por aquellos que consideran como "idealismo inoportuno" el que el uso del capital debe administrarse por la vida espiritual autónoma.

Ciertamente, el modo de pensar de nuestro tiempo no se inclina fácilmente a relacionar directamente con la vida espiritual, la idea social que puede encauzar por buen camino la función del capitalismo. Por el contrario, se parte de lo que pertenece a las funciones de la vida económica; se percibe que en el tiempo moderno la producción de mercancías ha conducido a la gran industria, y ésta a la forma actual del capitalismo. Y se piensa que en lugar de este sistema económico debiera establecerse el corporativo, que trabajaría para el consumo propio del producente. Pero como también se desea, naturalmente, conservar la economía moderna, se exige la fusión de los establecimientos en una gran corporación o cooperativa, en la que —se piensa— cada individuo produciría por encargo de la colectividad; y ésta no podría ser explotadora, ya que, en tal caso, explotaría a sí misma. Además, como se desea, o bien, se debe partir de lo que existe, se mira hacia el Estado moderno con la idea de transformarlo en una corporación que todo lo abarca.

Estos pensamientos no tienen en cuenta que de semejante corporación se esperan efectos que tanto menos pueden producirse, cuanto mayor ella sea, pues la administración colectiva del trabajo no puede conducir a un sano organismo social, si a las capacidades individuales humanas no se les da la posibilidad de obrar, en el organismo de tal corporación, en sentido de lo aquí expuesto. El hecho de que actualmente haya poca disposición para opinar sin prejuicios acerca del actuar de la vida espiritual en el organismo social, se debe a que se está acostumbrado a representarse lo espiritual como algo muy ajeno a lo material y lo práctico. No pocos considerarán como grotesca la opinión de que en la actividad económica por medio de capital se manifiesta la repercusión de una parte de la vida espiritual; y es muy probable que en cuanto a esta apreciación de grotesco muchas personas de las — hasta ahora— clases dirigentes coincidan con pensadores socialistas. Con el fin de comprender la importancia para el saneamiento del organismo social, de lo que muchos consideran como idea grotesca, habrá que dirigir la mirada hacia ciertas corrientes ideológicas de nuestro tiempo, las que, de su manera, se basan en sinceros impulsos del alma, pero que, no obstante, impiden, a quienes las acogen, formarse pensamientos realmente sociales.

Extracto de ‹Los puntos esenciales de la cuestión social› de Rudolf Steiner, capítulo ‹El capitalismo y las ideas sociales. (Capital y trabajo humano).›