Sociedad trimembrada - origen y evolución

Sociedad trimembrada - origen y evolución

Índice
El origen de nuestra estructura social trimembrada
Evolución histórica del orden social y de la conciencia comunitaria/individual
Prolongación y transformación de la época greco-latina en nuestros tiempos
Nuestra época actual. Alma consciente

 

El hecho de que en nuestra civilización moderna occidental podamos distinguir claramente tres ámbitos sociales (los ámbitos económico, jurídico-político y cultural-espiritual) tiene una amplia historia a lo largo de las épocas culturales anteriores. Por ejemplo el orden teocrático-sacerdotal de las épocas antiguas tendrá que transformarse en una nueva vida espiritual correspondiente a las condiciones de muestra época del alma consciente.

 

El origen de nuestra estructura social trimembrada

“Lo que importa hoy en día es el anhelo de conocer los hechos de la vida con más profundidad para tener una base real de juicio. Me parece necesario decir esto porque, como se pudo ver, las diversas afirmaciones mías acerca de la llamada cuestión social y sobre la trimembración del organismo social, ya fueran orales o escritas, han sido tomados muy a la ligera, y muy pocos se han molestado en preguntar por los verdaderos principios y orígenes de las cosas. Para comprender en todo su alcance de la necesidad de la trimembración del organismo social en una vida espiritual libre, una vida jurídico-estatal independiente, y una vida económica autónoma, hay que mirar sin prejuicios cómo se ha producido la interacción e interdependencia entre el espíritu, el Estado y la economía en nuestra civilización europeo-americana. No es nada fácil entender el entrelazamiento del hilo espiritual, el hilo jurídico-estatal y el hilo económico. Nuestra civilización es una maraña de tres hilos de origen muy diferente, enredados entre ellos. Nuestra vida espiritual tiene un origen sustancialmente diferente de nuestra vida jurídico-estatal, y un origen completamente diferente de nuestra vida económica. Y estas tres corrientes de diferentes orígenes, están caóticamente entrelazadas. Voy a esbozar en breve la fuente original de estas tres corrientes.”

La Misión de Micael, duodécima conferencia, 15 de septiembre de 1919.

 

Evolución histórica del orden social y de la conciencia comunitaria/individual

¿Cómo se puede entender la cultura espiritual occidental como resultado y continuación de las grandes culturas antiguas? Rudolf Steiner expone por ejemplo que la antigua cultura griega, decisiva para la cultura moderna occidental tiene sus orígenes en la vieja sabiduría de la India. Nuestra cultura jurídica se remite a la cultura jurídica romana, que se inspiraba en elementos teocráticos de los misterios egipcios. La cultura económica actual de nuestra sociedad occidental se inspira en la antigua cultura de los druidas y de los misterios druidas, que a diferencian de los del sur, tenían un carácter más material (relacionado con la fertilidad de la tierra y del ganado). De ahí la orientación económica de Inglaterra/América del Norte en nuestra época.

Como Steiner resume en la “ley sociológica fundamental”, el transcurso de la evolución cultural va acompañado por la evolución de la conciencia humana.

 

El desarrollo de la conciencia a lo largo de las grandes épocas culturales

Desde las primeras grandes culturas, la misión de la humanidad en la Tierra fue la de conquistar paso a paso la realidad física para hacerse dueño de ella. Esto significa entre otras cosas superar la antigua cultura de yoga de la India, de alejarse del mundo físico-sensorial y alcanzar un estado de permanecer en el mundo espiritual, al que se le atribuye un valor superior. En la segunda gran época cultural, la persa, la relación con la realidad se caracteriza por la voluntad de trabajar la tierra. El contacto con la tierra significa un gran primer paso en superar la tendencia de menospreciar el mundo físico como maya y mera ilusión. La tierra, aunque sea percibida como hostil y oscura, vale la pena de ser trabajada, con la conciencia despertante de incorporarle fuerzas buenas divinas.

En la cultura babilónica-asírica-caldaica-egipcia, el ser humano percibe intensifica el interés en el mundo externo, desarrolla una ciencia astronómica, estudia el curso de los astros, y ve en ellos la expresión de la sabiduría y los planes de los dioses. La realidad exterior deja de ser engaño, sino revelación de los mundos superiores. La dominación de la ciencia de la geometría se sentía como poder de adueñarse del mundo material. A lo largo de la evolución de las tres primeras épocas culturales, se ve que el ser humano adquiere cada vez más la capacidad de ordenar el mundo mediante su propio espíritu. En la medida que la humanidad se alejaba del mundo espiritual, más consciente se hizo de la propia vida interior anímico-espiritual. En la medida que el ser humano logró una conciencia del propio Yo, más se ve como parte del mundo exterior.

La cuarta época cultural, la greco-latina, la más cercana a la nuestra actual, da otro paso adicional. A la creciente capacidad de sentir las propias fuerzas y su efecto transformador en la Tierra, se agrega la conciencia de la propia existencia física como parte un gran entorno físico y social. El fenómeno social de la esclavitud, parte incuestionable de la realidad social en la cultura egipcia, todavía es visto como no discriminatorio, pero al mismo tiempo despierta la conciencia del propio Yo frente a la comunidad.

Cesa la época en la que el ser humano se sentía sumergido en una gran espiritualidad cósmica, la época de subordinación a la sabiduría del faraón. Empieza la obediencia del individuo al poder del emperador y a la autoridad del obispo, pero al mismo tiempo la mayor conciencia de sí mismo, el comienzo de la conciencia, autonomía y responsabilidad por los propios actos, y la incipiente cuestión social de la relación entre el individuo y la comunidad.

En el antiguo arte plástico griego el ser humano crea una imagen exterior objetivada de su ser interior. Parecidamente, el ciudadano romano se coloca como persona física en medio de la sociedad, arropado por el derecho romano, que es esta no había sido desarrollado antes en esta forma lógica y precisa.

El Yo se percibe a sí mismo con una fuerza y conciencia desconocida en épocas anteriores de la evolución de la humanidad. En la antigua cultura griega, los primeros comienzos de una sensación del Yo se pueden percibir en los mitos y filosofías del auriga que conduce un carro tirado por caballos, que pueden ser interpretados por las fuerzas anímicas (pensamiento, sentimiento y voluntad). En la escultura del auriga de Delfos se refleja esta nueva conciencia y autoconciencia del ser humana.

En la cultura romana, la evolución de la conciencia yoica va por otros caminos. El espíritu del pueblo romano se centró en la tarea de encontrar la manera correcta y justa para lo que coloca un Yo en el contexto con otros Yoes. Por primera vez, se crea una totalidad de derechos privados, Esto hizo que la cultura romana fuera la fundadora de la jurisprudencia, genuinamente basa en el Yo. El cómo el Yo se enfrenta a otro Yo era la gran cuestión en la misión del pueblo romano. (Rudolf Steiner, La misión de las almas de los pueblos, décima conferencia, Kristiania, 16 de junio de 1910; GA 121).

El derecho privado determina una autonomía privada y voluntad libre del individuo de entrar en una relación jurídica con otro individuo. El individuo que antes se vio integrado en una gran comunidad de sangre, ahora regula los asuntos jurídicos en su ambiente privado. Las cuestiones de propiedad se arreglan con intereses materiales necesariamente egoístas, en un proceso en el que la persona tiene la opción de actuar con actitud de ego o de Yo.

 

Prolongación y transformación de la época greco-latina en nuestros tiempos

Respecto al tema de la evolución de la conciencia individual frente y la sociedad en general, y frente al ámbito jurídico-político en particular, podemos observar entre muchas otras más, dos tendencias que muestran una conexión con estados evolutivos anteriores. La primera conserva estructuras piramidales autoritarias de épocas anteriores, la segunda es la consecuente prolongación de la evolución de la conciencia individual en el gran anteriormente esbozado contexto evolutivo-histórico de los pueblos y culturas, que la antroposofía describe como las épocas culturales. Son dos tendencias antinómicas en las que se enfrentan la autoridad de los órganos del Estado y la participación ciudadana.

  • Hasta la Edad Media, pero también en nuestra cultura actual, quedan remanentes de los antiguos elementos teocráticos, convertidos en, como lo llamó Rudolf Steiner, “teocratismo católico-jurídico”, con los dos elementos fundamentales: el derecho romano y la doctrina religiosa de la Iglesia católica romana. La autoridad de los faraones se conserva en forma de poder católico-jurídico, es decir en la autoridad de interpretar las cuestiones de culpa, juicio, castigo, buenos y pecadores. La autoridad incondicional del sacerdote faraón, considerado el representante de dios en la Tierra, sigue exigiendo respeto y reconocimiento incondicional, como sucede hoy en los sistemas dictatoriales.
  • El movimiento de la sociedad civil recibe su fuerza de los ciudadanos que se sienten responsables del bienestar, y de la conciencia de la sociedad. Aumenta el número de personas que, como nunca antes en la historia de la humanidad, se colocan en la primera línea de iniciativas por el medio ambiente, la salud y los derechos de los ciudadanos. Con una fuerza y presencia del Yo, los individuos explotan su potencial y valentía de dirigirse personalmente al rey o presidente de un país para reivindicar cualquier derecho humano. El Yo que se siente con fuerza y responsabilidad social es el representante de nuestra época.

Nuestra época actual. Alma consciente

Nuestra sociedad actual occidental marcada por la ciencia y la tecnología es fruto de las épocas culturales anteriores. Rudolf Steiner llama la época actual la época del alma consciente.

Véase en este glosario:
Alma consciente